Dicen que Dios se le presentó a principios de 1984 a un literato sueco y le dijo que en poco tiempo podría guardar todos los libros de la Biblioteca Nacional en su propia casa. El hombre regresó a su hogar, le pidió a su familia que se fuera y regaló todos sus muebles, ropa y utensilios, para hacer lugar. En ese mismo instante, pero lejos de ahí, Arthur L. Samuel, de IBM, escribía: “Hasta que no sea viable obtener una educación en casa, a través de nuestra propia computadora personal, la naturaleza humana no habrá cambiado”. Si Dios le hubiera dado el mismo mensaje a Arthur, éste sólo hubiera comprado un escritorio más grande.
La celeridad del cambio marca nuestra época. Si nuestra visión de la realidad no evoluciona a la par, corremos el riesgo de perderlo todo, como el literato sueco. Nuestros compradores no sólo caminan delante de tiendas o pasean por shoppings; además, habitan redes sociales y pasan más de 8 horas sentados frente a computadoras que con sus bases globales de videos, imágenes y textos, empiezan a definir qué empresas existen y cuáles no. En el nuevo contexto, ¿qué debemos considerar al definir nuestra estrategia y salir a buscar clientes?
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