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Liderazgo y sentimiento de inferioridad

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Hace un par de días Maradona, técnico de Argentina, declaró con soberbia: “a mí nadie me ordena nada, es más, a mí nadie me sugiere nada”, indicando que sólo él puede decidir quién juega en el equipo de fútbol. Al escuchar a Diego, recordé a otro hombre que ocupó su lugar, Marcelo Bielsa.

En el año 92 Newell’s saldría campeón. Unas fechas antes jugaba en Capital un partido televisado. Cuando llegó el entretiempo, el teléfono sonó en la casa del técnico de la sexta división, en Rosario.

_ ¿Está viendo el partido? - La voz de Bielsa sorprendió al hombre, que no entendía por qué lo estaba llamando a él en medio del partido. A la vez, se sentía inmensamente honrado y reconocido.
_ Sí, Marcelo, claro que lo estoy viendo.
_ Tengo un par de opciones, pero quería saber qué pensaba usted.

A su modo, cada uno representa una forma de sentir y vivir


Dos líderes, dos estilos. En las empresas estamos más acostumbrados al primero de ellos, que responde a una característica psicológica: sentimiento de inferioridad.(Pedido del autor: a Diego lo quiero, así que olvidémonos por un rato de él y pensemos en algún jefe que nos haya maltratado).

Este sentimiento se manifiesta en las empresas en una forma sutilmente diferente: miedo a la pérdida del puesto, de la carrera por un ascenso o directamente del trabajo. Muchas veces, posibilidades muy reales. La soberbia es una de las manifestaciones públicas del sentimiento de inferioridad, una defensa, como el perrito caniche que muestra los dientes al pasar al lado de la jaula del león.

El líder, como aconsejan desde la época del Tao Te King, debe ser una persona abierta, capaz de recibir las influencias, consejos, opiniones e ideas de absolutamente todas las personas que componen su grupo, como el mar recibe y se alimenta de los ríos. Sin esos ríos, el mar no sería mar. Y bien atentos acá que no dije, “aprovecharse o apropiarse de”, sino “vivir en comunión con” y “construir junto a” su gente, sin importar rangos, condiciones sociales o formas de pensar.

Esto no implica que el líder tenga que ir uno a uno pidiendo opiniones, sino que el líder, como en el caso de Bielsa, no tenga ningún complejo en llamar a una persona ubicada en una jerarquía inferior en la empresa, para conversar de igual a igual. Al fin y al cabo, el buen líder sabe que no son más que eso, dos seres humanos hablando cara a cara.

Un verdadero líder, aunque sienta temor a la pérdida del puesto, carrera o trabajo, no reacciona en consecuencia de ese miedo, sino que actúa siempre en la forma más beneficiosa para su grupo. Claro que para comportarse así uno tiene que ser un gran líder, tal vez, tan grande como el mar.





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La pasión del emprendedor

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Normalmente cuando comenzamos un negocio tomamos varias precauciones. Entre ellas, los análisis de costos, las previsiones de venta, los registros impositivos correspondientes, los resguardos legales, etc.
Normalmente somos previsores. Todavía están quienes se largan a abrir un negocio de moda entre dos verdulerías barriales, pero calculo que esas personas no estarán en la web y leyendo un artículo como este. Por lo tanto, hicimos todas las previsiones, comenzamos con la empresa. ¡Muy bien! Pero, realmente, ¿tuvimos todas las consideraciones?

 
Los emprendedores son movidos por la pasión


Hay una variable que cada vez es más considerada. La ciencia la desestimaba por no poder medirla, pero hoy sabemos por los ejemplos, que quienes no la tienen, no alcanzan el éxito. Nos referimos aquí al ímpetu, la voluntad, el fuego, la pasión por lo que hacemos. Es más probable tener éxito con pasión y sin saber qué vamos a hacer, que arrancar sabiendo todos los detalles pero sin corazón.
La conjunción de ambos elementos es la clave: pasión y razón. Pero atención. Pasión no es eso que sentimos los tres primeros meses. Eso es más parecido a una excitación, como cuando nos gusta una persona. Eso no alcanza. Pasión es involucrarnos completamente con la actividad, sentir que pasan las horas como si no pasaran, levantarse con la idea y acostarse con la acción concretada. La pasión por nuestro emprendimiento, a diferencia de la mayoría de los matrimonios, es sostenible en el tiempo.
Por tanto, si queremos triunfar, encontremos primero la pasión y preguntémosle a ella qué debemos emprender.

Esta nota fue elaborada para Mercadonic.


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Los indicadores y las decisiones

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La selección Argentina tuvo un tristísimo paso por Rosario, pero dejó una gran enseñanza empresarial. Por la desorganización del encuentro, casi mil personas se quedaron sin ver el partido, aun cuando tenían una entrada válida en la mano. Entre ellos, un concejal de la ciudad, que al día siguiente, comenzó a pasearse por todos los medios del país diciendo que no iba a parar hasta que se hiciera justicia (no se refería a las Malvinas, ni al caso Skanska, sino a que le devolvieran los $100 del ticket -unos 25 dólares-).


Tomamos decisiones confiando en una medición, pero sin conocer la magnitud real del problema

Si rosario tuviera un Gerente y no un Intendente, una de sus preocupaciones sería que los concejales trabajen. No es el caso, pero supongamos por un instante que lo sea. Con un suceso como el anterior, el gerente podría llegar a la siguiente inferencia lógica:

“Si en cada partido de fútbol, realizo un pésimo trabajo de organización y consigo que algún político quede afuera con la entrada en la mano, entonces tendría un político trabajando”. El tablero de control le mostraría algo como lo siguiente:

- Indicador “político trabajando” = 1
- Causa de indicador= partido mal organizado

Según la inferencia, la próxima decisión del intendente podría ser la de malorganizar eventos deportivos en la ciudad y asegurarse que quede fuera algún concejal.

En resumen, tendríamos:
- Un evento con mala organización (mala imagen de marca)
- Un conjunto de personas damnificadas (peor imagen)
- Un político trabajando (un milagro -y, a la vez, nuestro indicador- )

Para peor, el político que trabaja no lo haría según el objetivo organizacional, ya que se dedicaría a arreglar situaciones aleatorias que no beneficiarían a la sociedad toda, como pasó en este caso.

¿Qué tiene que ver con la empresa? Diría que mucho, ya que normalmente nuestras decisiones se basan en indicadores que no son permanentemente revisados, estudiados y modificados. Por tanto, tomamos decisiones confiando en una medición, pero sin conocer la magnitud real del problema.

Pongamos un ejemplo muy frecuente. Supongamos que somos una empresa de consumo masivo que vende diariamente a negocios de venta al público. Cuando a fin de mes realizamos nuestros cálculos, vemos que para el producto A, tuvimos 45 nuevos clientes. Felicitamos a los vendedores, decidimos aumentar el precio y nos vamos a dormir tranquilos.

Pero cuidado. Esos 45 clientes nuevos, implican:
- ¿Que 45 nuevos clientes se dieron de alta y ninguno se dio de baja o no me compró?
- ¿Qué, por ejemplo, 55 nuevos clientes se dieron de alta y 10 se dieron de baja?

Parece algo básico, pero se sorprenderían si les digo que el 90% de las empresas no tienen la información de cuantos clientes “no les compraron” en el período de medición actual. Los desarrolladores de software, tampoco están preparados para descubrirlo. Entonces, una información tan básica y esencial como la que les presento, se puede convertir en una fuente de constantes malas decisiones por parte de la gerencia.

Imaginen que esto pasa con un único indicador y en cada uno de los que consideramos apropiados a nuestro negocio tenemos disyuntivas similares.
Volvamos al ejemplo y pensemos las consecuencias de aumentar el precio sin considerar que hay muchos clientes que se están dando de baja (esto ocurriría, por ejemplo, si los 45 fueran el resultado de 55 clientes que se dieron de baja o no compraron y 100 que se dieron de alta).
- ¿Conocemos la curva de las bajas? Esta es la clave para saber el impacto de un aumento de precios.
- ¿Ha ocurrido algo con nuestra competencia que nos hizo crecer en 45 clientes este mes? Porque tal vez se pasaron a nuestro producto no porque seamos buenos vendedores ni tengamos buena mercadería, sino porque la competencia subió el precio.
- ¿Creciendo a 45 clientes al mes, cuando terminaríamos de abarcar a los prospectos objetivos del producto A? No vaya a ser que estemos cerca de cubrir nuestro espectro de mercado y la curva de las altas esté a días de convertirse en meseta.

Para no extendernos, prestemos atención a los indicadores, pero no dejemos que decidan por nosotros. Los tableros de control no reemplazan nuestra obligación y capacidad para pensar; ni los gerentes reemplazan intendentes, así que estimo que a nadie le importó el indicador político mencionado al principio de este artículo.



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López Rega, el clima organizacional y una casa de citas

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Un brujo oscuro, una casa de citas, un empresario y el tango.

López Rega, brujo barato y alto delincuente de la historia argentina, tenía una teoría del complot: el tango, triste y nostálgico, habría sido introducido al país por estrategas del mundo dominante, para impedir que Argentina se convirtiera en potencia, sumiéndola en la relamida y el auto-lamento sin fin (¡Esto es verdad!). Cuando me enteré de la hipótesis, me asustó coincidir en algo con este personaje. Sin darle crédito a teorías de la conspiración, creo que el tango, sobre todo el cantado, es una influencia anímicamente perjudicial.


López Rega, sin mencionarlo, hablaba del “Clima Organizacional”. El Clima no es un simple concepto, sino un estado resultante, que depende de variadas y muy reales causas. Una de ellas, tal vez la más importante, es el ánimo del líder y su forma de comunicar. Sobre todo en tiempos de crisis, es común que los dueños de pequeñas empresas, los gerentes y mandos medios del resto, se paseen quejándose ante los empleados: no llegamos a fin de mes, cayeron tres contratos, esto pinta cada vez peor, vamos a tener que ajustar, etc.; al estilo del tango Desencuentro: “Por eso en tu total fracaso de vivir, ni el tiro del final te va a salir”. Lamentable.

El clima organizacional puede determinar la vida o la muerte de una empresa. Atendamos bien a esta idea. El clima es variable y depende de nuestras acciones. Podemos ser pusilánimes y negativos, es una opción. También podemos mostrar fortaleza, dignidad o, al menos, alegría. En ambos casos recogeremos nuestros propios frutos.

En el año 2000, con el presidente de Argentina a punto de escaparse en helicóptero, me llamó mi jefe, me entregó una indemnización y, con una sonrisa, me dijo: “cerramos querido”, señalando los cuatro pisos vacíos de imprenta porteña. De cien empleados habían pasado a seis. No daba para más. Y en la amena charla, me comentó: voy a poner una casa de citas y bailes de solos y solas (él era un sesentón, viudo y mujeriego), para aprovechar el lugar y divertirme un poco.
Su negocio funcionó muy bien. Luego de la crisis y con la llegada de las redes sociales, volvió a la imprenta con éxito.
Marca con una cruz la conclusión que corresponde a este artículo:
- López Rega tenía acciones en una discográfica de música brasileña
- Cada vez que tu presidente se escape en helicóptero, abrí una casa de citas
- El clima organizacional es afectado por los estados de ánimo. Controla estos estados y controlarás el clima



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