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El círculo penoso del estrés

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Aunque sobradas son las pruebas de los estragos que causa el estrés en las organizaciones, en la práctica diaria, el término sigue relacionado a las respuestas heroicas y personales por combatirlo y a técnicas del área de recursos humanos destinadas a alargar la vida útil de los empleados hasta reemplazarlos por otros. El estrés debe ser un tema de agenda política y organizacional, porque cuando aparece, todos perdemos.

Hemos hablado, y lo seguiremos haciendo, sobre las consecuencias individuales del estrés. Sin embargo, me interesa ampliar esta visión para que las gerencias entiendan que toda la empresa pierde cuando un empleado se estresa. Porque, aunque algunos comprenden que la organización es un espacio de relación entre iguales, otros, muchos otros, mantienen invariable su mirada en el propio ombligo. Y bien, ya que esas tenemos, trataremos de comunicarnos en su mismo idioma: rentabilidad.

Conozco muchos lectores de este periódico

Entre las principales conclusiones del Foro Permanente para el Empleo (OIT, 2008), se destaca que uno de los mayores flagelos del trabajador es el estrés laboral. Se puntualiza que la inestabilidad económica, inseguridad jurídica y precariedad de condiciones laborales son las situaciones que generan los mayores niveles de estrés.

Mucho informe aburre. Caso real. Buenos Aires, Julio de 2001, paradigma de la crisis. A pasos de la intersección de Córdoba y Carlos Pellegrini un pseudo empresario negocia licencias de un portal que jamás se verá online. Su vendedor, casado, de 45 años y dos hijos, ha dejado un puesto administrativo cuatro meses atrás con la promesa de ganar fortunas comercializando ciudades virtuales. A punto de cumplir otro período sin comisiones, dos médicos de urgencias ingresan corriendo a las oficinas y se lo llevan en camilla, evitando que un ataque de presión acabe prontamente con su vida.

Por supuesto, no volvió a la empresa, que perdió con él su capacidad completa de comercialización y desapareció, como tantas en esa época. El trabajador, sin embargo, inició una demanda al dueño, que, sin ingresos ya, debió vender su coche para pagar. Tragicómico. Además: el sistema de salud argentino tuvo una cama ocupada por dos días, movilizó personal capacitado para una atención de emergencia y sumó un paciente crónico en sala psiquiátrica ambulatoria. Todos perdemos. Sin excepción.

Muchos son los autores (por ej. Cooper y Cartwright en 1996) que han dado pruebas de los millones de dólares anuales que pierden las empresas por ausentismo y enfermedades derivadas del estrés. Sin embargo, en la práctica diaria, el término sigue relacionado a las respuestas heroicas y personales por combatirlo y a técnicas del área de recursos humanos destinadas a alargar la vida útil de los empleados hasta reemplazarlos por otros.

El estrés debe ser un tema de agenda política y, de ahí en más, convocar a todos los estratos de las organizaciones, pues más temprano que tarde, las jerarquías superiores al afectado directo, pagarán las consecuencias de la forma que menos les agrada: cash.
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