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Buen ambiente, pesada carga

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José es director y dueño de una empresa con plantilla corta, pero de elevada rentabilidad. En uno de sus equipos de desarrollo tiene una persona que ha pasado todos los niveles de inducción y, sin embargo, no incorporó conocimientos suficientes para tomar decisiones acordes a su puesto.

Esta persona se convirtió en una carga para el jefe de equipo, que la trasladó directamente a José. El director,  asignó diversas tareas a la persona, pero resultó poco productiva e, incluso, absorbió sistemáticamente el tiempo de sus capacitadores en cada una de ellas. Ante la consulta de por qué la mantiene en la empresa, José responde que “me cuesta romper el buen ambiente laboral, jamás tuve que echar a un empleado”.




A veces el altruismo esconde falta de coraje. A veces, dije, no siempre. En esas ocasiones nos negamos a ver una realidad que resulta molesta y preferimos exteriorizar buenas emociones. Que tu calma no oculte cobardía, dice un proverbio hindú.

¿Qué hacer entonces?  Es fundamental establecer reglas claras para que el empleado sepa cómo va a ser evaluado. Las pequeñas empresas, aunque tengan manuales y normas, suelen no darles importancia práctica. Sobre las bases de esas reglas se deben exigir logros personales de conocimiento y producción para continuar siendo parte de la compañía.

Un director debe recordar que es líder de una organización con objetivos y, de no cumplirlos, suya será la responsabilidad. En ese camino, uno de sus deberes es asegurar a su equipo que contará con proveedores internos, al menos, tan eficientes como ellos mismos. De otra forma, ¿qué clase de ambiente estará generando para los empleados que dependen laboralmente de la producción de un trabajador de muy bajo rendimiento?

Atención: esta nota está especialmente dedicada a los buenos directores, que respetan a sus empleados y practican una ética laboral. De ninguna manera promueve la cesantía sin justa causa, que sería un problema aún mucho más grave que el anterior, pues manifestaría no ya una falla en el rendimiento del empleado, sino una irremediable incapacidad directiva.

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4 comentarios:

María Bravo dijo...

Si sabré del dilema de José.... cualquier parecido a la realidad es mera coincidencia.

Oscar M. Bianchi dijo...

Somos dos María!

Paula dijo...

se ve en tantos lugares esto, se padecen tambien.
es un tema muy dificil de manejar en algunos casos

Talbuix€ dijo...

Esto me ha escocido un poco.

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