Existen ciertos condicionamientos que nos hacen, ante un mismo evento, reaccionar en forma realmente divergente. Las personas que se liberan de estas tiranías internas y aprenden a observar y decidir, asumiendo el costo de cada elección, comandan su futuro sin sacudirse demasiado por las crisis ni la abundancia.
Cuando hace dos años me senté en la cama de hospital dónde se recuperaba un amigo que había intentado suicidarse, escuché una respuesta inesperada a mi pregunta por su accionar: “no tenía opción”. Hablando con su mujer me enteré que hacía meses soportaba una presión grande en su trabajo, viéndose forzado a realizar acciones opuestas a su ética bajo amenaza de despido. Ocupaba una gerencia y mantenía un muy elevado nivel de vida (este era el verdadero opresor).
Una semana atrás lo recordé al conocer a un exitoso consultor. Después de una larga charla, me comentó haber perdido una fortuna en una de las crisis argentinas y, como hombre de palabra, no se refugió en la quiebra, sino que trabajó hasta pagar sus deudas. Cuando terminó, diez años más tarde, sintió una realización que, por su expresión, creo que pocos conocemos. Como si no alcanzara, me confesó que habían sido años realmente felices, porque se acercó mucho más a su familia y afianzó valores internos que lo volvieron a depositar en su lugar notablemente influyente, pero con un semblante más calmo y amable.
Nota completa...



